No sé lo que traerá el mañana.

Aug 09


Montag no habló, y contempló los rostros de las mujeres, del mismo modo que, en una ocasión había observado los rostros de los santos en una extraña iglesia en la que entró siendo niño. Los rostros de aquellos muñecos esmaltados no significaban nada para él, pese a que les hablaba y pasaba muchos ratos en aquella iglesia, tratando de identificarse con la religión, de averiguar qué era la religión, intentando absorber el suficiente incienso y polvillo del lugar para que su sangre se sintiera afectada por el significado de aquellos hombres y mujeres descoloridos, con los ojos de porcelana y los labios rojos como rubíes. Pero no había nada, nada; era como un paseo por otra tienda, y su moneda era extraña y no podía utilizarse allí, y no sentía ninguna emoción, ni siquiera cuando tocaba la madera, el yeso y la arcilla. Lo mismo le ocurría entonces, en su propio salón, con aquellas mujeres rebullendo en sus butacas bajo la mirada de él, encendiendo cigarrillos, exhalando nubes de humo, tocando sus cabelleras descoloridas y examinando sus enrojecidas uñas que parecían arder bajo las miradas de él. Los rostros de las mujeres fueron poniéndose tensos en el silencio. Se adelantaron en sus asientos al oír el sonido que produjo Montag cuando tragó el último bocado de comida. Escucharon la respiración febril de él. Las tres vacías paredes del salón eran como pálidos párpados de gigantes dormidos, vacíos de sueños. Montag tuvo la impresión de que si tocaba aquellos tres párpados sentiría un ligero sudor salobre en la punta de los dedos. La transpiración fue aumentando con el silencio, así como el temblor no audible que rodeaba a las tres mujeres, llenas de tensión. En cualquier momento podían lanzar un siseo y estallar.
Ray Bradbury, “Fahrenheit 451” 

Montag no habló, y contempló los rostros de las mujeres, del mismo modo que, en una ocasión había observado los rostros de los santos en una extraña iglesia en la que entró siendo niño. Los rostros de aquellos muñecos esmaltados no significaban nada para él, pese a que les hablaba y pasaba muchos ratos en aquella iglesia, tratando de identificarse con la religión, de averiguar qué era la religión, intentando absorber el suficiente incienso y polvillo del lugar para que su sangre se sintiera afectada por el significado de aquellos hombres y mujeres descoloridos, con los ojos de porcelana y los labios rojos como rubíes. Pero no había nada, nada; era como un paseo por otra tienda, y su moneda era extraña y no podía utilizarse allí, y no sentía ninguna emoción, ni siquiera cuando tocaba la madera, el yeso y la arcilla. Lo mismo le ocurría entonces, en su propio salón, con aquellas mujeres rebullendo en sus butacas bajo la mirada de él, encendiendo cigarrillos, exhalando nubes de humo, tocando sus cabelleras descoloridas y examinando sus enrojecidas uñas que parecían arder bajo las miradas de él. Los rostros de las mujeres fueron poniéndose tensos en el silencio. Se adelantaron en sus asientos al oír el sonido que produjo Montag cuando tragó el último bocado de comida. Escucharon la respiración febril de él. Las tres vacías paredes del salón eran como pálidos párpados de gigantes dormidos, vacíos de sueños. Montag tuvo la impresión de que si tocaba aquellos tres párpados sentiría un ligero sudor salobre en la punta de los dedos. La transpiración fue aumentando con el silencio, así como el temblor no audible que rodeaba a las tres mujeres, llenas de tensión. En cualquier momento podían lanzar un siseo y estallar.

Ray Bradbury, “Fahrenheit 451” 

Jul 21


Un día estarás ciego como yo. Estarás sentado en alguna parte, pequeña plenitud perdida en el vacío, para siempre, en la oscuridad. Como yo. Un día te dirás, estoy cansado, voy a sentarme, y te sentarás. Luego te dirás, tengo hambre, voy a levantarme y hacerme la comida. Pero no te levantarás. Te dirás, no debí sentarme pero ya que me he sentado permaneceré sentado un poco más, luego me levantaré y me haré la comida. Pero no te levantarás ni te harás la comida. Mirarás un momento la pared, luego te dirás, voy a cerrar un momento los ojos, quizá duerma un poco, después todo irá mejor, y los cerrarás. Y cuando los abras ya no habrá más pared. Lo infinito del vacío te rodeará, los muertos de todos los tiempos, resucitados, no lo llenarán, y estarás allí como una piedrecita en medio de la estepa. Si, un día sabrás lo que es eso, serás como yo, salvo que tú no tendrás a nadie, porque no te habrás apiadado de nadie y porque ya no habrá nadie de quien apiadarse.
Samuel Beckett, “Final de partida”.

Un día estarás ciego como yo. Estarás sentado en alguna parte, pequeña plenitud perdida en el vacío, para siempre, en la oscuridad. Como yo. Un día te dirás, estoy cansado, voy a sentarme, y te sentarás. Luego te dirás, tengo hambre, voy a levantarme y hacerme la comida. Pero no te levantarás. Te dirás, no debí sentarme pero ya que me he sentado permaneceré sentado un poco más, luego me levantaré y me haré la comida. Pero no te levantarás ni te harás la comida. Mirarás un momento la pared, luego te dirás, voy a cerrar un momento los ojos, quizá duerma un poco, después todo irá mejor, y los cerrarás. Y cuando los abras ya no habrá más pared. Lo infinito del vacío te rodeará, los muertos de todos los tiempos, resucitados, no lo llenarán, y estarás allí como una piedrecita en medio de la estepa. Si, un día sabrás lo que es eso, serás como yo, salvo que tú no tendrás a nadie, porque no te habrás apiadado de nadie y porque ya no habrá nadie de quien apiadarse.

Samuel Beckett, “Final de partida”.

Jul 20

Habéis oído decir que esta es una época de crisis moral. Lo has dicho tú mismo, en parte con miedo, en parte esperando que esas palabras carecieran de sentido. Habéis clamado que los pecados del hombre están destruyendo el mundo y habéis maldecido la naturaleza humana por resistirse a practicar las virtudes que exigíais. Maldijisteis al hombre, maldijisteis la existencia, maldijisteis esta tierra, pero nunca osasteis cuestionar vuestro código. Vuestras víctimas asumieron la culpa y continuaron luchando, con vuestras injurias como recompensa de su martirio – mientras seguíais clamando que vuestro código era noble pero la naturaleza humana no era lo suficientemente buena para practicarlo. Y nadie se alzó para hacer la pregunta: ¿Buena? – ¿Según qué estándar, qué norma, qué criterio? Queríais saber la identidad de John Galt. Yo soy el hombre que ha hecho esa pregunta.

Ayn Rand, “La rebelión de Atlas”

Habéis oído decir que esta es una época de crisis moral. Lo has dicho tú mismo, en parte con miedo, en parte esperando que esas palabras carecieran de sentido. Habéis clamado que los pecados del hombre están destruyendo el mundo y habéis maldecido la naturaleza humana por resistirse a practicar las virtudes que exigíais. Maldijisteis al hombre, maldijisteis la existencia, maldijisteis esta tierra, pero nunca osasteis cuestionar vuestro código. Vuestras víctimas asumieron la culpa y continuaron luchando, con vuestras injurias como recompensa de su martirio – mientras seguíais clamando que vuestro código era noble pero la naturaleza humana no era lo suficientemente buena para practicarlo. Y nadie se alzó para hacer la pregunta: ¿Buena? – ¿Según qué estándar, qué norma, qué criterio? Queríais saber la identidad de John Galt. Yo soy el hombre que ha hecho esa pregunta.

Ayn Rand, “La rebelión de Atlas”

Jul 19


If it is true that the sea was once upon a time our native element, into which we must plunge our cooling blood if we are to recover our strength, it is the same with the oblivion, the mental non-existence of sleep; we seem then to absent ourselves for a few hours from Time, but the forces which we have gathered in that interval without expending them, measure it by their quantity as accurately as the pendulum of the clock or the crumbling pyramid of the sandglass.
Marcel Proust, “Remembrance of Things Past”

-Alejandro Jodorowsky, “El Topo”

If it is true that the sea was once upon a time our native element, into which we must plunge our cooling blood if we are to recover our strength, it is the same with the oblivion, the mental non-existence of sleep; we seem then to absent ourselves for a few hours from Time, but the forces which we have gathered in that interval without expending them, measure it by their quantity as accurately as the pendulum of the clock or the crumbling pyramid of the sandglass.

Marcel Proust, “Remembrance of Things Past”

-Alejandro Jodorowsky, “El Topo”

Jul 16


¿Dónde estaba la inseguridad de las cosas que tan sólo eran probables?, se preguntó a si mismo. Su mente arrastraba una pesada carga de mutilados recuerdos. Por cada instante de realidad existían incontables proyecciones, cosas condenadas a no llegar a ser jamás. Un yo invisible en su interior recordaba los falsos pasados, cuya carga amenazaba a veces con abrumar el presente.
Frank Herbert, “El mesías de Dune”.

¿Dónde estaba la inseguridad de las cosas que tan sólo eran probables?, se preguntó a si mismo. Su mente arrastraba una pesada carga de mutilados recuerdos. Por cada instante de realidad existían incontables proyecciones, cosas condenadas a no llegar a ser jamás. Un yo invisible en su interior recordaba los falsos pasados, cuya carga amenazaba a veces con abrumar el presente.

Frank Herbert, “El mesías de Dune”.

Jul 15

[video]


Qué pequeña era su comprensión de la amarga elección que él había tenido que hacer. Elegir entre distintos tipos de agonía, pensó, era una de las agonías más intolerables que uno pudiera imaginar.
Frank Herbert, “El mesías de Dune”

Qué pequeña era su comprensión de la amarga elección que él había tenido que hacer. Elegir entre distintos tipos de agonía, pensó, era una de las agonías más intolerables que uno pudiera imaginar.

Frank Herbert, “El mesías de Dune”

Jun 23


Of all the women you see in Kabuki-cho, Maki’s type is the lowest of the low, if you ask me. Unattractive, riddled with complexes, and dumb as a post, but because of the worst sort of upbringing ignorant even of her own ignorance. Convinced she ought to be working in a classier place and living a better life, and equally convinced that it’s other people’s fault she can’t pull it off. Envious of everybody else and therefore eager to blame them for everything. Treated so badly all her life that she thinks nothing of doing the same to others by deliberately saying things that hurt them.
Ryu Murakami, “In the miso soup”.

Of all the women you see in Kabuki-cho, Maki’s type is the lowest of the low, if you ask me. Unattractive, riddled with complexes, and dumb as a post, but because of the worst sort of upbringing ignorant even of her own ignorance. Convinced she ought to be working in a classier place and living a better life, and equally convinced that it’s other people’s fault she can’t pull it off. Envious of everybody else and therefore eager to blame them for everything. Treated so badly all her life that she thinks nothing of doing the same to others by deliberately saying things that hurt them.

Ryu Murakami, “In the miso soup”.

[video]


—¿Te gustaría vivir miles y millones de vidas?  — preguntó Paul —. ¡Qué reserva de leyendas para ti! Piensa en todas esas experiencias, en toda la sabiduría que se puede derivar de ellas. Pero la sabiduría atenúa el amor, ¿No es cierto? Y da una nueva dimensión al odio. ¿Cómo puede uno saber lo que es despiadado si uno no ha hurgado antes en los profundos depósitos de la crueldad y de la bondad? Tendrías que tener miedo de mi, madre. Soy el Kwisatz Haderach.
Frank Herbert, “Dune”

¿Te gustaría vivir miles y millones de vidas?   preguntó Paul . ¡Qué reserva de leyendas para ti! Piensa en todas esas experiencias, en toda la sabiduría que se puede derivar de ellas. Pero la sabiduría atenúa el amor, ¿No es cierto? Y da una nueva dimensión al odio. ¿Cómo puede uno saber lo que es despiadado si uno no ha hurgado antes en los profundos depósitos de la crueldad y de la bondad? Tendrías que tener miedo de mi, madre. Soy el Kwisatz Haderach.

Frank Herbert, “Dune”